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col·laboracions (16)

Domingo, 12 Julio 2015 12:25

EL MATIMONIO Y SUS DESVENTAJAS

Escrito por

SIEMPRE GILA, MIguel Gila

 

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may
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MIGUEL GILA, Siempre Gila, Aguilar, Madrid, 2001, 162 páginas.

 

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Abre este volumen subtitulado Antología de sus mejores monólogos un prólogo de Pedro Ruiz,Siempre Gila (pp.11-13) en el que leemos: "Gila es la vida mofándose de su soberbia. La pedantería sin pantalón con raya. El absurdo convertido en lógica".
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   Nunca les digo a las mujeres solteras que no se casen, pero que se hagan a la idea de que el matrimonio no es lo que parece, que el matrimonio cambia. Que al principio de estar casados, el marido, en cuanto caen cuatro gotas, empieza: «Cuidado, mi amor, el charquito. Por aquí, mi vida». Y cuando pasan unos años de casados: «¡Hala! Ya te has vuelto a meter en otro charco. Mira cómo me has puesto. ¡Si es que caminas como las vacas! ¡Con esos pies que son dos lenguados!».
 
   Y recién casados: «¡Qué lunar, mi vida, qué lunar! Me tiene loco». Y cuando pasan los años: «¡Ponte pa’allá con la verruga!».
   Y al principio de casados: «Que gusto, mi vida, que te duermas con tu cabecita aquí en mi brazo!».
 
Y cuando pasa el tiempo: «¡Quita el cabezón, que se me duerme el brazo!».
 
   Lo del cabezón yo lo he estado analizando y no es porque las mujeres tengan la cabeza gorda, lo que pasa es que cuando llegan a cierta edad se la llenan de canutos de esos, y ya no sabes si tienes mujer o una central eléctrica, porque qué acostarse tienen la mayoría de las mujeres. Se meten en el cuarto de baño, y entre lo que se quitan y lo que se ponen..., tienen un salir..., que estás en la cama leyendo y aparece, y un susto. Dice: «Soy yo, soy yo». Con esas cremas que se dan, la hidratante, la humectante, la limpiadora, la estirante, y crema, y crema, y crema, que a media noche le vas a dar un pellizco y se te va de la cama al suelo. Ya no sabes si te has casado con una mujer o con un chorizo en manteca. ¡Cómo resbalan!
 
   ¡Y cómo conducen! ¡Bien, pero raro! A ver si me explico. Conducen despacito y prudentes, pero pa’allá, lo de los lados y lo de atrás les importa un carajo, y la amiga aquí, chu chu chu chu, dándole a la húmeda, y es la que le grita de repente: «¡A la derecha!». Y dos coches, un motorista, tres ancianas por los aires. Y en medio de ese desparramo, la amiga que le dice: «Dale al intermitente».
 
   Yo creo que lo del intermitente no lo tienen muy claro. Esto lo cuento por experiencia. Un día le digo a mi mujer: «Ponte detrás y dime si funciona el intermitente». Se bajó, se puso detrás y dijo: «Ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no».
 
   Pero mi mujer lo del intermitente lo ha resuelto muy bien. ¿Saben ustedes qué hace? Lo pone al salir de casa. Dice: «Yo lo llevo puesto, así cuando quiera torcer...». Una noche veníamos de viaje y conducía ella, con esos ojos de despavorida que pone, que siempre que la miro, me digo: «¿Qué habrá visto?» Bueno, pues venía conduciendo ella y era una de esas noches oscuras, negras, que no se ve nada. Cruzamos un pueblo, pasamos el peaje y se metió en la autopista, pero por el carril contrario. Y mi mujer gritándoles a todos: «¡Que van mal, que van mal!». Empezó a llover y dijo: «Voy a dar al limpiaparabrisas», pero se equivocó de palanquita y apagó las luces, y yo tirando cerillas por la ventanilla, para que nos vieran los que venían de frente. Salimos de la autopista, entramos en una carretera comarcal, y nos encontramos un rebaño cruzando. Y me dice: «Dame el manual, que quiero saber cuál es el pedal del freno». Le echó una ojeada al manual y apretó el acelerador. Veintiséis ovejas muertas. Y el pastor y el perro se salvaron porque dieron un salto olímpico.
  
Levantó el pie del acelerador y frenó. ¡A fondo!  Saqué la cabeza por el parabrisas. Diecisiete puntos en la frente. Desde entonces, cuando ella conduce, yo me pongo el cinturón de seguridad, el casco y un chaleco salvavidas.
 
   De todas maneras, al menos para mí, las mujeres son imprescindibles. Donde esté una mujer hermosa, que se quite un señor con barba. Es posible que yo esté chapado y a la antigua; pero yo no me casaría con un señor que se llamara don Mariano, por muy de moda que esté.
 
   El matrimonio es muy bonito y hay que cuidarlo. La luna de miel, después vienen los hijos, que son la alegría de la casa. Bueno, hasta cierto punto, porque cuando son pequeños, lloran... y la que se organiza. El marido dice: «Que está llorando el niño». Y la mujer: «Bueno, ¿y qué quieres que haga?». Y el marido: «Que le des la teta». Y la mujer: «¿Y cómo le voy a dar la teta, si no me la sueltas?», porque aunque pasen los años, el hombre siempre le tiene cariño a la teta.
 
   Yo conocí al hijo de un millonario que tuvo nodriza hasta que le llamaron a filas.
 
   El problema con los hijos es cuando son mayores. Yo tengo amigos que tienen hijos mayores y están desesperados. «No sé qué hacer, porque fíjate que mis hijos vienen a casa a las siete de la mañana, y algunos días no aparecen y ni llaman por telefono, y no vivo, y no te digo mi mujer». Yo creo que esto pasa porque se ha perdido el diálogo de los padres con los hijos.  Y digo esto porque cuando yo tenía diecisiete años, mi padre me decía: «Hijo, siéntate, que quiero hablar contigo». Me sentaba y me decía con ternura: «El día que vengas a casa después de las once de la noche, te doy una patada en la cabeza que te la reviento». ¡Y le entendía! ¡Había diálogo! Es una pena, pero se está perdiendo el concepto de la familia.
 
 
 
 
 
 

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Razones institucionales de unos encarcelamientos

 
 

 

Cualquier intento de entender la democracia sin tener en cuenta su relación con el capitalismo es dudoso. A pesar de que habitualmente se equipare el capitalismo –o el eufemismo de los mercados libres- con la democracia, una y otra cosa siguen siendo proyectos distintos, con tensiones muy fuertes entre sí que pueden desencadenar un conflicto directo.

Robert W. McChesney (2013)

 

No es necesario recordarlo con detalle. Un breve resumen.

El pasado 17 de marzo el Tribunal Supremo aprobaba la resolución por la cual anulaba la sentencia dictada por la Audiencia Nacional (con fecha 7 de julio de 2014), la sentencia que absolvía a 19 de los 20 acusados de delito contra las instituciones del Estado en la acción de protesta colectiva que tuvo lugar frente al Parlament de Catalunya, en Barcelona, los días 14 y 15 de junio de 2011.

Muchas activistas estábamos allí. Yo, por ejemplo.

La Audiencia dudó: 1. De las pruebas aportadas por la acusación, y 2. De los métodos policiales utilizados para conseguirlas. Al mismo tiempo que se pronunció claramente a favor de la legitimidad de una protesta que emanaba de la aprobación de unos presupuestos directa y fuertemente antisociales que, además, no estaban en los programas electorales de los diversos partidos que contaban con representantes electos en el Parlament y que estaban dispuestos a aprobar aquellos presupuestos.

Razonables, sensato. Sorprendente si me apuran.

La sentencia favorable de la Audiencia Nacional fue recurrida, además de por Manos Limpias, el punto es muy importante, por el Parlament y la Generalitat de Catalunya. Por el Parlament y por el gobierno, perdonen que remarque.

La sentencia del Tribunal Supremo considera que sí hubo un delito contra las instituciones del Estado y condena a 3 años de prisión -¡tres años!- a 8 -¡ocho!- de los activistas acusados. Los componentes del TS no aceptan poner en un mismo plano de horizontalidad, ellos suelen ser muy verticalistas, los intereses que motivaron la protesta de centenares de personas con los intereses de los parlamentarios y sus respectivos partidos políticos, entendidos estos como los únicos y “legítimos representantes en el órgano legislativo” (sic). La jerarquización del poder es, pues, una de “las claves definitorias de nuestro sistema” (sic.). Lo que hay. Así que, de este modo, y aunque parezca un chiste malo-malísimo, una inconsistencia de alto vuelo crítico, la sentencia que anteriormente había tomado la AN -¡la Audiencia Nacional!- como resolución sobre el caso del Parlamento catalán tendría que entenderse como una sentencia “antisistema”. ¿AN una fuerza antisistema? ¿De verdad?

Un paso de la reflexión del alto tribunal: “La historia europea ofrece elocuentes ejemplos en los que la destrucción del régimen democrático y la locura totalitaria se inició con un acto violento contra el órgano legislativo. Relativizar el significado jurídico de los acontecimientos desarrollados en el Parlament los días 14 y 15 de junio de 2011, y hacerlo mediante una tan hábil como equivocada ponderación jurisdiccional de los bienes en conflicto, supone banalizar el significado de los principios y valores sobre los que se asienta el sistema democrático”.

La sentencia del TS, no la de la Audiencia Nacional., ha contado con el apoyo, explícito incluso en sesión parlamentaria a través de la intervención del conseller de Interior, del gobierno de la Generalitat, de su presidente y, por supuesto, del partido-partidos que dan apoyo a ese gobierno.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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Portada :: Feminismos
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Madrid, martes 21 de abril Presentación del libro
 
 
“Con voz propia. La economía feminista como apuesta teórica y política"

 
Viento Sur

          
Participan: Yayo Herrero, Amaia Pérez Orozco (coautoras del libro) e Isabel Serra

Madrid. Martes, 21 de abril de 2015. 19:30h.
 
                                                 Librería La Fugitiva, C/ Santa Isabel 7 (Metro: Antón Martín).
 


Lo que llamamos economía feminista no es algo reciente, sino que cuenta con una larga historia que discurre casi en paralelo a la del pensamiento económico y a la del propio feminismo. Su trayectoria más reciente se inicia en los años sesenta del siglo XX, coincidiendo, y no por casualidad, con la denominada segunda ola del feminismo. La teoría feminista se sitúa entonces como pensamiento independiente e innovador. Desde ella van a desarrollarse críticas metodológicas y conceptuales a las tradiciones de numerosas disciplinas, abriendo nuevas perspectivas teóricas en casi todos los campos. campos.

La economía feminista cobrará así cuerpo. Su objetivo: salir de los estrechos márgenes de un paradigma dominante, el neoclásico, cuyos presupuestos imposibilitan en la práctica el dar respuesta a las necesidades fundamentales de las personas.

Trabajo en general; trabajo doméstico y de cuidados; reproducción de la fuerza de trabajo; indicadores estadísticos necesarios para el análisis; presupuestos públicos; políticas fiscales... Todo puede y debe ser analizado desde la perspectiva de la economía feminista. Todo puede y debe debatirse con una voz nueva y propia que resitúa el eje de la economía donde siempre tuvo que estar: en la sostenibilidad y dignidad de la vida humana.

Cristina Carrasco Bengoa (Univ. de Barcelona), Amaia Pérez Orozco (doctora en economía y activista feminista), Mertxe Larrañaga Sarriegi y Yolanda Jubeto Ruíz (Univ. del País Vasco), Paloma de Villota Gil-Escoín (Univ. Complutense de Madrid), Lina Gálvez Munoz (Univ. Pablo Olavide) y Yayo Herrero López (activista de Ecologistas en Acción) son impulsoras y organizadoras de las Jornadas de Economía Feminista.

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article9980



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Portada :: EE.UU.
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Las viejas luchas de las trabajadoras agrícolas de California

The Huffington Post

 

A veces, la agenda de género mira poco a las realidades que están más allá del cemento y las luces de la ciudad. Otras veces, cuando las mira, termina por caer en estereotipos. Por suerte, esta corresponsal pudo charlar con un grupo de mujeres que representan a la Alianza Nacional Campesina de Estados Unidos de América al salir de la sala de conferencias de Naciones Unidas.

Solo fue necesario un tímido empujón con preguntas sobre sus reivindicaciones, y la sacudida a través de un montón de enseñanzas fue suficiente para hacer sentir a esta comunicadora que estaba desayunándose otras realidades. Están en el 59º período de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW) para reflexionar sobre el camino recorrido desde Beijing 95.

La Alianza Nacional de Campesinas tiene como objetivo unificar la lucha para promover el liderazgo de las mujeres agrícolas en un movimiento nacional capaz de aumentar su visibilidad y abogar por cambios que garanticen sus derechos humanos.

Se trata, sin más, de generar liderazgos en las mujeres rurales a través de la educación. SEMlac conversó con su presidenta, Mily Treviño Sauceda, una mujer que nació en Estados Unidos, pero "mis padres eran mexicanos", cuenta.

Mily relata que gracias a César Chavez (sic) "hubo más consciencia política". Y entonces, interrogó a esta corresponsal: "¿Lo conoces?, Si no lo conoces, tienes que ver la película".

César Estrada Chávez fue un líder activista en favor de los derechos civiles para campesinos estadounidenses, quien con Dolores Huerta organizó la Asociación Nacional de Trabajadores del Campo (NFWA, por sus siglas en inglés) y que después cambió su nombre al de Unión de Trabajadores Campesinos (UFW). Se destacó por su defensa de unas mejores condiciones laborales para los trabajadores migrantes y su lucha por los derechos de los campesinos estadounidenses sindicados.

Mily Treviño Sauceda, junto a la Alianza Nacional de Campesinas, operan en diversas áreas de EEUU. Ella vive en California, y desde allí despliega sus objetivos. Cuenta que la educación y el arte son las principales herramientas que implementan para fomentar el liderazgo de las campesinas. "Hacemos teatro, arte en general, para ayudar a la comunidad a que expresen sus problemas. Por ejemplo: la violencia doméstica. Lo hacemos en ocho regiones de California y los exhibimos en las iglesias, parques".

En diálogo con SEMlac, Mily comentó como un logro de la Alianza el poder revisar el Acta de Violencia contra la Mujer, que tiene como objetivo proporcionar nuevas formas de protección a las víctimas de violencia doméstica, incluyendo la confidencialidad del domicilio. También mencionó los cambios en las leyes de migración, para permitir a un cónyuge extranjero maltratado solicitar la green card. Porque antes de ser revisada esta disposición, "las mujeres migrantes no podían hacerlo. Muchas no podían hacerlo porque no se les permitía solicitarla en los primeros cinco años (de migrante), y la mujer debía estar casada con el abusador (porque era ciudadano o porque tenía la green card) ¿Cómo podía ser eso? Entonces, ¡peleamos!"

Actualmente, el acoso sexual lo sufren "el 90% de las mujeres agrícolas. También hay discriminación a causa de embarazos, y solo alcanzamos el 30% de los salarios de los hombres". Para la planificación familiar, "hay pocos recursos. Lo que pasa es que no son suficientes los médicos, hay largas filas para ser atendidas. Todo queda lejos de las comunidades, y no hay transporte".

Hasta acá el panorama es similar al de otros lugares, pero "en California las mujeres sabemos que aplicar químicos (en los campos) afecta el sistema reproductivo". Por eso es que junto a "otros grupos hemos creado leyes de protección. Aplican químicos cerca de las escuelas, y cuando esto pasa, se debe saber qué hacer". El modo de auxiliar a la población que soporta fumigaciones era algo desconocido para el sistema médico, por lo que eran los bomberos quienes "solían a echar agua a toda potencia con la manguera sobre aquellas personas que estaban contaminadas", relata Mily.

La Alianza de Mujeres Campesinas, junto a otros actores civiles, llegaron hasta Washington DC y fueron a la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) con sus reclamos de mejorar la protección ante los plaguicidas. Y es que en esta nación, los trabajadores rurales constituyen la columna vertebral de la economía agrícola, y muchos son regularmente expuestos a los plaguicidas. "A nivel nacional están las Normas de Protección de Trabajadores Agrícolas, para prevenir el envenenamiento, y proponen un entrenamiento a trabajadores agrícolas cada cinco años, pero hemos conseguido que la capacitación se realice cada tres años".

¿Y qué es lo que desean mirando más allá de 2015?, interrogó SEMlac: "Más apoyo. No hay suficientes programas para nosotras. Queremos más oportunidad en todas las áreas, y queremos mujeres como oficiales públicos, porque sabrían gestionar soluciones a nuestros problemas".

Este diálogo, que permitió el acercamiento a otra realidad, finalizó con el saludo de rigor. Pero antes de girar para tomar otra salida, se escuchó a Mily Treviño Sauceda: "En nuestra organización, la Alianza, también hay mujeres de otros países, muchas de Colombia y otras de Argentina, ¿sabes?". Seguro que este aviso tenía un mensaje especial para esta periodista argentina.

Este es un texto de Norma Loto para la Agencia SEMlac y fue publicado inicialmente en SENMED.

Fuente: http://www.huffingtonpost.es/norma-loto/las-anejas-luchas-de-las-_b_6886634.html?utm_hp_ref=spain



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Portada :: Ecología social :: Cambio climático
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Entrevista con Naomi Klein
 
 
        “El sistema capitalista que tenemos ha causado el cambio climático”

        Klaus Brinkbäumer
        Der Spiegel

 

¿Podemos detener el calentamiento global? Sólo si cambiamos de modo radical nuestro sistema capitalista, sostiene la ensayista Naomi Klein. En una entrevista con el semanario alemán DER SPIEGEL, realizada por Klaus Brinkbäumer, explica por qué ha llegado el momento de abandonar los pequeños pasos en favor de un enfoque radicalmente nuevo, tal como detalla en su libro de reciente aparición en castellano, Esto lo cambia todo, el capitalismo contra el clima (Paidós, Barcelona, 2015). 

-DER SPIEGEL: Señora Klein, ¿por qué no consigue la gente detener el cambio climático? 

-Klein: Mala suerte. Mal momento. Muchas coincidencias lamentables. 

-SPIEGEL: ¿La catástrofe equivocada en el momento equivocado? 

-Klein: El peor momento posible. La conexión entre gases de invernadero y calentamiento global viene siendo una cuestión política central para la humanidad desde 1988. Fue precisamente la época en que cayó el Muro de Berlín y Francis Fukuyama certificó “el fin de la Historia", la victoria del capitalismo occidental. Canadá y los EE.UU. firmaron el primer acuerdo de libre comercio, que sirvió de prototipo para el resto del mundo. 

-SPIEGEL: ¿De modo que lo que dice usted es que empezó una nueva era de consumo y energía precisamente en el momento en que la sostenibilidad y contención habrían sido más adecuadas? 

-Klein: Exacto. Y fue precisamente en ese momento cuando nos dijeron que ya no había nada parecido a la responsabilidad social y la acción colectiva, que deberíamos dejarlo todo al mercado. Privatizamos nuestros ferrocarriles y la red energética, la OMC y el FMI se comprometieron con un capitalismo desregulado. Por desgracia, esto condujo a una explosión de las emisiones. 

-SPIEGEL: Usted es activista y lleva culpando al capitalismo de toda clase de cosas a lo largo de los años. ¿Le echa la culpa ahora también del cambio climático? 

-Klein: No hay razón para ser irónicos. Las cifras cuentan cuál es la historia entera. Durante los años 90, las emisiones se elevaron un 1% anual. Desde el año 2000 han ido subiendo una media del 3.4%. Se exportó globalmente el sueño americano y se expandieron rápidamente bienes de consumo que creíamos esenciales para satisfacer nuestras necesidades. Empezamos a vernos exclusivamente como consumidores. Cuando el comprar como forma de vida se exporta a todos los rincones del globo, eso exige energía. Mucha energía. 

-SPIEGEL: Volvamos a nuestra primera pregunta: ¿por qué no ha podido la gente detener este cambio? 

-Klein: Hemos desechado sistemáticamente las herramientas. Hoy se hace mofa de regulaciones de toda laya. Los gobiernos ya no aplican reglas severas que pongan límites a las compañías petrolíferas y demás empresas. Estas crisis se nos ha venido encima en el peor momento posible. Ya no nos queda tiempo. Estamos en un momento de ahora o nunca. Si no actuamos como especie, nuestro futuro está en peligro. Tenemos que reducir emisiones de modo radical. 

-SPIEGEL: Volvamos a otra pregunta: ¿No está usted apropiándose indebidamente del cambio climático para utilizarlo en su crítica del capitalismo? 

-Klein: No. El sistema económico que hemos creado ha creado también el cambio climático. No me lo he inventado. El sistema es inservible, la desigualdad económica es demasiado grande y la falta de contención por parte de las compañías energéticas es desastrosa. 

-SPIEGEL: Su hijo Toma tiene dos años y medio. ¿En qué clase de mundo vivirá cuando salga del instituto en 2030? 

-Klein: Eso es lo que está decidiéndose ahora mismo. Veo señales de que podría haber un mundo radicalmente distinto del que tenemos hoy en día, y de que el cambio podría ser bien bastante positivo o extremadamente negativo. Ya es seguro que al menos en parte será un mundo peor. Vamos a experimentar el cambio climático y bastantes más desastres naturales, eso es seguro. Pero tenemos tiempo todavía para impedir un calentamiento verdaderamente catastrófico. Tenemos tiempo asimismo de cambiar nuestro sistema económico para que no se vuelva más brutal y despiadado al enfrentarse al cambio climático. 

-SPIEGEL: ¿Qué puede hacerse para mejorar la situación? 

-Klein: Tenemos hoy que tomar algunas decisiones acerca de qué valores son importantes para nosotros y cómo queremos de verdad vivir. Y, por supuesto, hay una diferencia entre que la temperatura se eleve solo 2 grados o lo haga 4 o 5 o más. Todavía nos es posible a los seres humanos tomar las decisiones correctas. 

-SPIEGEL: Han pasado 26 años desde que se fundó el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC - Intergovernmental Panel on Climate Change) en 1988. Sabemos como mínimo desde entonces que las emisiones de CO2 causadas por quemar petróleo y carbón son responsables del cambio climático. Pero poco se ha hecho por encarar el problema. ¿No hemos fracasado ya? 

-Klein: Yo veo la situación de modo diferente, dado el enorme precio que tendremos que pagar. Mientras tengamos la menor oportunidad de éxito o de minimizar el daño, tenemos que seguir luchando. 

-SPIEGEL: Hace varios años, la comunidad internacional estableció un objetivo para limitar el calentamiento global a dos grados centígrados. ¿Lo considera todavía alcanzable? 

-Klein: Bueno, todavía es una posibilidad física. Tendríamos que reducir inmediatamente las emisiones globales en un 6% anual. Los países más ricos tendrían que sobrellevar un peso mayor, lo que significa que los EE.UU. y Europa tendrían que recortar emisiones entre un 8% y un 10% anual. Inmediatamente. No es imposible, solo que es profundamente irreal políticamente con nuestro actual sistema. 

-SPIEGEL: ¿Está usted diciendo que nuestras sociedades no son capaces de hacerlo? 

-Klein: Sí. Necesitamos un cambio espectacular, tanto en la política como en la ideología, porque hay una diferencia fundamental entre lo que los científicos nos dicen que tenemos que hacer y nuestra actual realidad política. No podemos cambiar la realidad física, así que tenemos que cambiar la realidad política. 

-SPIEGEL: ¿Puede una sociedad que se centra en el crecimiento combatir de verdad con éxito el cambio climático? 

-Klein: No. Un modelo económico basado en un crecimiento indiscriminado lleva inevitablemente a un mayor consumo y a mayores emisiones de CO2. Puede y debe haber crecimiento en el futuro en muchos sectores bajos en carbón de la economía: en tecnologías verdes, en transporte público, en todas las profesiones que proporcionan cuidados, en las artes y, por supuesto, en educación. Ahora mismo, el núcleo de nuestro producto interior bruto comprende solo el consumo, las importaciones y exportaciones. Ahí tiene que haber recortes. Cualquier otra cosa sería engañarse. 

-SPIEGEL: El Fondo Monetario Internacional afirma lo contrario. Dice que el crecimiento económico y la protección del clima no se excluyen mutuamente. 

-Klein: No analizan las mismas cifras que yo. El primer problema es que en todas estas conferencias sobre el clima todo el mundo actúa como si fuéramos a llegar a nuestra meta por medio de un compromiso propio y de obligaciones voluntariamente aceptadas. Nadie le dice a las empresas petrolíferas que van a tener que ceder. El segundo problema es que estas empresas van a luchar como fieras para proteger lo que no quieren perder. 

-SPIEGEL: ¿En serio quiere eliminar el libre mercado con el fin de salvar el clima? 

-Klein: No hablo de eliminar mercados, pero nos hace falta mucha más estrategia, dirección y planificación, y un equilibrio muy diferente. El sistema en el que vivimos está abiertamente obsesionado con el crecimiento, considera bueno todo crecimiento. Pero hay formas de crecimiento que está claro que no son buenas. Está para mí claro que mi posición entra en conflicto directo con el neoliberalismo. ¿Es verdad que en Alemania, aunque han acelerado ustedes el cambio a las renovables, el consumo de carbón está en realidad aumentando? 

-SPIEGEL: Eso era cierto entre 2009 y 2013. 

-Klein: Para mí eso es expresión de su renuencia a tomar decisiones sobre lo que hace falta llevar a cabo. Alemania tampoco va a cumplir su objetivo de emisiones en años venideros. 

-SPIEGEL: ¿Es la presidencia de Obama lo peor que podía haberle pasado al clima? 

-Klein: En cierto modo. No porque Obama sea peor que un republicano, que no lo es, sino porque estos ocho años fueron la mayor oportunidad desperdiciada de nuestras vidas. Se daban los factores justos para una convergencia realmente histórica: consciencia, apremio, ánimo, su mayoría política, el fracaso de los Tres Grandes fabricantes de automóviles norteamericanos y hasta la posibilidad de encarar a la vez el cambio climático y el fallido mundo financiero sin regular. Pero cuando accedió al cargo no tuvo el valor de acometerlo. No venceremos en esta batalla a menos que estemos dispuestos a hablar de por qué Obama consideró que el hecho de tener control sobre bancos y compañías de automóviles era más una carga que como una oportunidad. Estaba prisionero del sistema. No quiso cambiarlo. 

-SPIEGEL: Los EE.UU. y China llegaron finalmente a un acuerdo inicial sobre el clima en 2014. 

-Klein: Lo cual, por supuesto, es algo bueno. Pero todo lo que puede resultar penoso en el acuerdo no entrará en vigor hasta que Obama concluya su cargo. Con todo, lo que ha cambiado es que Obama dijo: "Nuestros ciudadanos se están manifestando, no podemos ignorarlo". Los movimientos de masas son importantes, tienen repercusiones. Pero para empujar a nuestros líderes hasta donde tienen que llegar, los movimientos tienen que hacerse aún más fuertes. 

-SPIEGEL: ¿Cuál debería ser su meta? 

-Klein: En los últimos 20 años, la extrema derecha, la absoluta libertad de las empresas petrolíferas y la libertad del 1% de los superricos de la sociedad se han convertido en norma política. Tenemos que desplazar de nuevo el centro político norteamericano de la franja derechista a su lugar natural, el verdadero centro. 

-SPIEGEL: Señora Klein, eso no tiene sentido, porque es una ilusión. Piensa usted en abarcar demasiado. Si quiere usted eliminar el capitalismo antes de pergeñar un plan para salvar el clima, sabe usted que esto no va a suceder. 

-Klein: Mire, si quiere usted deprimirse, hay muchas razones para ello. Pero seguirá usted equivocándose, porque el hecho es que centrarse en cambios graduales supuestamente conseguibles, como el comercio de emisiones y el cambio de bombillas, ha fracasado miserablemente. En parte eso se debe a que en la mayoría de los países, el movimiento ambiental ha seguido elitista, tecnocrático y supuestamente neutral en lo político durante dos décadas y media. Ya vemos hoy cuáles son los resultados: nos ha llevado por el camino equivocado. Las emisiones están aumentando y aquí está el cambio climático. En segundo lugar, en los EE.UU. todas las transformaciones importantes legales y sociales de los últimos 150 años han sido resultado de movimientos sociales masivos, ya estuviesen a favor de las mujeres, contra la esclavitud o en pro de los derechos civiles. Necesitamos de nuevo esta fortaleza, y bien rápido, porque la causa del cambio climático es el sistema político y económico mismo. Su enfoque es demasiado tecnocrático y estrecho. 

-SPIEGEL: Si intenta usted solucionar un problema específico dándole la vuelta a todo el orden social, no lo va a resolver. Eso es una fantasía utópica. 

-Klein: Si el orden social es la raíz del problema, no. Visto desde otra perspectiva, nadamos literalmente en ejemplos de pequeñas soluciones: hay tecnologías verdes, leyes locales, tratados bilaterales e impuestos al CO2. ¿Por qué no tenemos todo eso a escala global? 

-SPIEGEL: ¿Está usted diciendo que todos esos pequeños pasos – tecnologías verdes e impuestos al CO2 y un comportamiento ecológico individual – no tienen sentido? 

-Klein: No. Todos deberíamos hacer lo que podamos, por supuesto. Pero no podemos engañarnos con que eso sea suficiente. Lo que digo es que esos pequeños pasos seguirán siendo demasiado pequeños si no se convierten en un movimiento de masas. Necesitamos una transformación económica y política, que se base en comunidades más fuertes, empleos sostenibles, mayor regulación y un alejamiento de esta obsesión del crecimiento. Esas son las buenas noticias. Tenemos de verdad la oportunidad de resolver muchos problemas de inmediato. 

-SPIEGEL: No parece contar con la razón colectiva de políticos y empresarios. 

-Klein: Porque el sistema no puede pensar. El sistema recompensa la ganancia a corto plazo, lo que quiere decir beneficios rápidos. Fíjese en Michael Bloomberg, por ejemplo... 

-SPIEGEL: …empresario y antiguo alcalde de la ciudad de Nueva York… 

-Klein: …que entiende la gravedad de la crisis del clima como político. Como empresario, prefiere invertir en un fondo que se especializa en activos de petróleo y gas. Si una persona como Bloomberg no puede resistirse a la tentación, se puede asumir en ese caso que no es tan grande la capacidad de autoconservación del sistema. 

-SPIEGEL: Un capítulo especialmente inquietante de su libro es el de Richard Branson, presidente del Grupo Virgin. 

-Klein: Sí, no me lo habría esperado. 

-SPIEGEL: Branson ha tratado de presentarse como un hombre que quiere salvar el clima. Todo empezó en un encuentro con Al Gore. 

-Klein: Y en 2006 se comprometió en un acto que acogía la Clinton Global Initiative a que invertiría 3.000 millones de dólares en investigación en tecnologías verdes. En aquella época yo pensaba que sería una aportación realmente fantástica. Lo que no se me ocurrió pensar es “qué cabrón tan cínico eres”. 

-SPIEGEL: Pero Branson no estaba más que simulando y solo invirtió una parte de ese dinero. 

-Klein: Puede que fuera sincero en ese momento, pero sí, se invirtió una parte. 

-SPIEGEL: Desde 2006, Branson ha añadido 160 nuevos aviones a sus numerosas líneas aéreas y ha incrementado sus emisiones en un 40%. 

-Klein: Sí.

-SPIEGEL: ¿Qué se puede aprender de esta historia? 

-Klein: Que tenemos que poner en tela de juicio el simbolismo y los gestos que hacen las estrellas de Hollywood y los superricos. No podemos confundirlos con un plan científicamente serio para reducir emisiones. 

-SPIEGEL: En Norteamérica y Australia, se gasta mucho dinero intentando negar el cambio climático. ¿Por qué? 

-Klein: Es distinto de Europa. Se trata de una indignación semejante a la de quienes se oponen al aborto y el control de armas. No se trata sólo de que estén protegiendo un modo de vida que no quieren cambiar. Es que han entendido que el cambio climático pone en solfa el núcleo de su sistema de creencias contrario al gobierno y en pro del libre mercado. De modo que tienen que negarlo para proteger su propia identidad. Por eso por lo que existe esta diferencia de intensidad: los liberales quieren actuar un poquito en la protección del clima. Pero al mismo tiempo, estos liberales tienen una serie de cuestiones aparte que figuran de modo más destacada en su agenda. Pero tenemos que entender que los más duros de quienes niegan el cambio climático entre los conservadores harán todo lo que esté en su mano para impedir que se actúe. 

-SPIEGEL: ¿Con estudios pseudocientíficos y desinformación? 

-Klein: Con todo eso, por supuesto. 

-SPIEGEL: ¿Explica eso por qué relaciona todas esas cuestiones – cuestiones de medio ambiente, igualdad, salud pública y trabajo – que son populares entre la izquierda? ¿Por razones puramente estratégicas? 

-Klein: Esas cuestiones guardan relación y nos hace falta asimismo relacionarlas en el debate. Sólo hay un modo de vencer en una batalla contra un pequeño grupo de personas que se te enfrentan porque tienen mucho que perder: hay que iniciar un movimiento masivo que abarque a toda aquella gente que tiene mucho que ganar. A quienes lo niegan solo se les puede derrotar si te muestras igual de apasionado que ellos, pero también cuando eres superior en número. Porque la verdad es que son realmente muy pocos. 

-SPIEGEL: ¿Por qué no cree usted que la tecnología tenga potencial para salvarnos? 

-Klein: Se ha producido un progreso tremendo en el almacenamiento de energías renovables, por ejemplo, y en la eficiencia solar. Pero ¿en el cambio climático? Yo, en cualquier caso, no tengo bastante fe como para decir: "Como ya nos inventaremos algo en un momento dado, dejemos de lado todos los demás esfuerzos". Eso sería una insensatez. 

-SPIEGEL: Gente como Bill Gates ve las cosas de modo diferente. 

-Klein: Y yo encuentro ingenuo su fetichismo tecnológico. En años recientes hemos sido testigos de ciertos fracasos verdaderamente resonantes en los que algunos de los tíos más listos metieron la pata hasta el fondo a una escala grandiosa, ya fuera con los derivados que desencadenaron la crisis o la catástrofe petrolífera de la costa de Nueva Orleans. En una gran mayoría, la gente, nosotros, destrozamos las cosas y no sabemos luego cómo arreglarlas. Y ahora mismo, lo que estamos destrozando es nuestro planeta. 

-SPIEGEL: Oyéndola, se podría tener la impresión de que la crisis del clima es una cuestión de género. 

-Klein: ¿Por qué dice usted eso? 

-SPIEGEL: Bill Gates dice que tenemos que avanzar e idear nuevas invenciones para poner bajo control el problema y, en última instancia, esta Tierra nuestra tan complicada. Por otro lado, dice usted: parad, no, tenemos que adaptarnos a este planeta y volvernos más livianos. Las compañías petrolíferas norteamericanas están dirigidas por hombres. Y a usted, una mujer crítica, la describen como una histérica. No resulta absurdo pensarlo, ¿verdad? 

-Klein: No. La industrialización en su conjunto estaba emparentada con el poder, con ver si sería el hombre o la naturaleza la que dominara la Tierra. A algunos hombres les resulta difícil reconocer que no lo tenemos todo bajo control; que hemos acumulado todo este CO2 a lo largo de los siglos y que la Tierra hoy nos dice: mira, no eres más que un invitado en mi casa. 

-SPIEGEL: ¿Invitado de la Madre Tierra? 

-Klein: Eso suena demasiado cursi. Pero, con todo, tiene usted razón. La industria petrolífera es un mundo dominado por los hombres, muy semejante en eso a las altas finanzas. Es algo muy de machos. La idea norteamericana y australiana de "descubrir" un país infinito y de que se puedan extraer inacabables recursos entraña un relato de dominación, que representa tradicionalmente a la naturaleza como una mujer débil y torpe. Y la idea de estar en relación de interdependencia con el resto del mundo natural se considera una debilidad. Por eso es por lo que les resulta doblemente difícil a los machos alfa reconocer que se han equivocado. 

-SPIEGEL: Hay en su libro una cuestión de la que parece querer desviarse. Aunque denigra usted a las empresas, no dice usted nunca que sus lectores, que son clientes de estas empresas, son asimismo culpables. Tampoco dice usted nada del precio que tendrá que pagar cada uno de sus lectores por la protección del clima. 

-Klein: Oh, yo creo que la mayoría de la gente estaría encantada de pagar por ello. Saben que la protección del clima exige un comportamiento razonable: conducir menos, volar menos y consumir menos. Estarían encantados de utilizar energías renovables si se les ofreciera. 

-SPIEGEL: Pero la idea no es lo bastante grande, ¿verdad? 

-Klein: (ríe) Exacto. El movimiento verde pasó décadas instruyendo a la gente para que utilizara su basura como abono, para que reciclara y montase en bicicleta. Pero fíjese en lo que ha sucedido con el clima durante estas décadas. 

-SPIEGEL: ¿Es su manera de vivir beneficiosa para el clima? 

-Klein: No lo bastante. Voy en bicicleta, utilizo el transporte público, trato de dar charlas por Skype, comparto un coche híbrido y he recortado mis vuelos hasta una décima parte de lo que eran antes de empezar este proyecto. Mi pecado está en tomar taxis y, desde que salió el libro, en volar demasiado. Pero no creo tampoco que tenga que ser la gente perfectamente verde y que vive sin emitir CO2 la única que deba hablar sobre esta cuestión. Si así fuera, entonces nadie podría decir una palabra en absoluto. 

-SPIEGEL: Señora Klein, gracias por esta entrevista. 

 

Naomi Klein es autora, entre otros libros, de La doctrina del shock y Noy Logo. 

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón 



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Impunidad perpetúa abusos en centros para inmigrantes
 
 
                                                                                  
 
 IPS
                                                                                                         
                                                                                                         
 
                                                                         ( Il·lustració no permesa
 
 
 
                                                                         ( Ilustración no permitida
 
 
                                                                                                      
 
 

 

“Te maltratan, no te respetan. He visto palizas, sufrimiento, y no puedes defenderte. Cuando estás allí encerrado parece que estuvieras en otro mundo”, relató a IPS el senegalés Salif Sy, que en 2011 pasó ocho días en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de la capital de España.

Tras los muros de los ocho CIE que hay en el país los inmigrantes son víctimas de abusos y malostratos frecuentes por parte de la policía nacional encargada de su custodia, según alertan organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos, que critican las trabas en la investigación de las denuncias y la impunidad ante los delitos.

Jueves, 12 Marzo 2015 20:03

Melilla, una valla contra el Sur

Escrito por

      

 
 
 
 
El documental “Amurallados” aborda la realidad de la ciudad fronteriza a través de un viajero invidente


Melilla, una valla contra el Sur


 

“Cuando morimos en la ruta somos unos pobres negritos, y cuando estamos en el Gurugú (monte marroquí situado en el entorno de Melilla), somos unos mafiosos”, afirma Mahmud Traoré, quien abandonó su país –Senegal- en 2002, participó en un “salto” colectivo a la valla de Ceuta y hoy reside en España. Contó su experiencia en el libro “Partir para contar” (Pepitas de Calabaza), y algunas de sus opiniones –junto a las de otros cuatro migrantes, activistas por los derechos humanos, vecinos de los dos lados de la frontera hispano-marroquí, policías y guardias civiles- figuran en el documental “Amurallados. Un viaje por la Frontera Sur”, producido a primeros de 2005 por Los Sueños de Mali PC y presentado el 11 de marzo en el Ateneo Libertario Al Margen de Valencia.

El audiovisual de 95 minutos, dirigido por Richard Mateos, periodista invidente y colaborador de Radio Malva (emisora libre de Valencia), y Javier Valdezate (autor en 2010 del documental “Europe i good? Bloqueados en Marruecos”) aborda la realidad de la frontera entre España y Marruecos, singularmente la ciudad de Melilla, a través de un viajero invidente (Richard Mateos). Acompañado de su perro guía, el protagonista va indagando en asuntos como la represión en el monte Gurugú, la violación de los derechos humanos en la valla y su entorno, la frontera como negocio, la ciudad de Melilla (sus habitantes e historia), la explotación de los porteadores, la situación del CETI melillense y la opresión en la que vive la población migrante en el interior de Marruecos.

El rodaje comenzó en septiembre de 2013 y se prolongó durante un año y medio. A través de conversaciones en diferentes escenarios, Richard Mateos, quien acumula siete estancias en la Frontera Sur desde el verano de 2013, penetra en la complejidad del asunto (“no queríamos hacer un simple panfleto”). Lo hace desde un enfoque “alternativo” al que plantean los medios convencionales. “El periodista habitual en la Frontera-Sur es un mero paracaidista”, afirma Mateos. “Llega y graba la valla de Melilla, y si es el momento de un “salto” de migrantes mucho mejor”. Con frecuencia se ha cruzado con fotoperiodistas y freelances de prensa y televisión que graban diez minutos o toman algunas fotografías sólo por ver si las “cuelan” en algún gran medio internacional. Critica que estos “paracaidistas” no se empapen de la historia de Melilla ni convivan con su población, aunque hablen con activistas de las ONG y se desplacen hasta el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla, “cuando hay algún salto y siempre buscando la historia más impactante”.

El equipo de Los Sueños de Mali PC ha pasado año y medio yendo y viniendo a Melilla, tiempo suficiente para hablar con activistas, ciudadanos comunes, historiadores y otras personas no relacionadas directamente con la valla. Tiempo suficiente para cocer a fuego lento el documental y huir del “paracaidismo”. También han conversado con personas migrantes que han conseguido “saltar” la alambrada, y con otras que esperan hacerlo o vieron cómo se frustró el intento.

Aunque Marruecos continúe reivindicando la soberanía de Melilla, y de ese modo se pudiera sugerir un conflicto con el estado español, Richard Mateos destaca la alianza hispano-marroquí para reprimir a la población subsahariana que pretende franquear la valla. En el monte Gurugú, por la noche y cuando se acercan los meses de calor puede observarse esta connivencia en las redadas. “Hay un helicóptero de la guardia civil que se adentra en el espacio aéreo marroquí, ilumina el monte y le señala tanto a la gendarmería como a las tropas auxiliares del país vecino dónde están los chavales escondidos”. La colaboración es habitual. Cuando las fuerzas de seguridad españolas ven a los migrantes bajar por el monte Gurugú, dan el aviso a la gendarmería de Marruecos. “Está totalmente documentado”.

En el lenguaje de los medios se extienden tópicos que intentan eludir el fondo de la cuestión. Se habla de “mafias” (“en el gurugú no existen”, zanja el periodista), se discute hasta el hartazgo sobre qué se considera frontera, se utilizan toda suerte de eufemismos y se acusa también de ejercer la violencia a los propios migrantes. Richard Mateos revela aspectos invisibilizados, como que los migrantes se organizan en el monte Gurugú por comunidades (según la nacionalidad), celebran reuniones internas para la toma de decisiones, y asambleas intercomunitarias en las que se deciden las grandes cuestiones: si conviene en ese momento “saltar” o no la valla de Melilla, y sobre todo cómo actuar en el monte ante los agentes o ante posibles denuncias de campesinos marroquíes. Promueven incluso guardias de seguridad.

La amenaza más seria para los inmigrantes en el Monte Gurugú son las redadas de las fuerzas de seguridad de Marruecos. “Si cogen a alguien le pegan una gran paliza, que puede cesar a cambio de dinero; pagando también uno consigue que le lleven al hospital, de otro modo no es seguro que lo hagan”, señala el periodista. “Una de las denuncias más flagrantes es que los guardias civiles pasan sobres con dinero a los oficiales marroquíes, para que, en caso de represión, trasladen a los heridos al hospital de Nador; si los jóvenes son conducidos a los centros hospitalarios de Melilla, podría entenderse que la violencia la han ejercido los agentes españoles”, añade Richard Mateos. “Eso es lo que se quiere evitar”.

Otro asunto silenciado es lo que sucede en el CETI de Melilla. Como las personas migrantes acaban de entrar en la ciudad y carecen de “papeles”, no pueden trabajar, de modo que se les puede ver limpiando parabrisas u otras actividades de la economía “informal”. Al llegar al CETI, las primeras semanas son de euforia por el triunfo que supone haber franqueado la valla. Aprovechan para curarse las heridas y descansar tras la hostilidad del monte. Les atienden ONG, se les habla de clases de español y el futuro parece halagüeño. “Pero cuando llevan varios meses o incluso un año, explica Mateos, se dan cuenta de que poder salir de Melilla no depende de ellos, sino del estado español; la propia ciudad se convierte en una cárcel; dependen entonces de que se vaya evacuando el CETI y se les vaya trasladando a la península”. A esto se agrega la saturación del centro y las normas estrictas que rigen el mismo.

Diferentes testimonios del documental coinciden en que la valla de Melilla es también un negocio. No sólo por el “entramado” de la valla (concentinas, sirga tridimensional, cámaras infrarrojas, tecnología militar de visión nocturna…). Todas estas instalaciones tienen un coste y requieren además un mantenimiento (el gobierno reconoció en una respuesta parlamentaria a Amaiur que entre 2005 y 2013, el gasto en las vallas de Ceuta y Melilla ascendió a 72 millones de euros). A ello se añade el refuerzo continuo de policía y guardia civil procedente de la península, lo que genera actividad económica, consumo y estancia en hoteles de la ciudad.

Además, Ceuta y Melilla constituyen la única frontera terrestre de la Unión Europea con África. En el informe Derechos Humanos en la Frontera Sur (2014), publicado por la Asociación Pro Derechos Humanos en Andalucía, se sostiene que la respuesta al fenómeno migratorio “ha sido siempre la misma”: 20 años de refuerzo de control fronterizo; despliegue policial y militar; vallas cada vez más altas y complejas; millones de euros invertidos; helicópteros y patrulleras; nuevos y sofisticados sistemas tecnológicos…

Las políticas actuales de control y represión en las fronteras desatienden los datos que expone el investigador Íñigo Moré en el libro “The borders of inequality” (recogidos en el diario Público). Según el analista, Ceuta y Melilla conforman la frontera más desigual del planeta entre ricos y pobres. El PIB de España, con 47 millones de habitantes, es superior a la suma de los 53 países africanos con sus 1.300 millones de habitantes. El estado español tiene, en resumen, el récord mundial de desigualdad respecto a sus vecinos. Pero las reflexiones oficiales apuntan en otra dirección. El 16 de febrero de 2014 El País titulaba, aludiendo a fuentes policiales: “30.000 inmigrantes aguardan en Marruecos para saltar a Ceuta y Melilla”.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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La “lucha por la dignidad” de los trabajadores de Coca-Cola llega a Bruselas

 
 
Cuarto Poder

 

Alrededor de la una de la tarde, varias decenas de trabajadores y representantes sindicales de los afectados por el ERE llevado a cabo por la empresa Coca-Cola Iberian Partners en su factoría de Fuenlabrada, se concentraban frente al Parlamento Europeo para visibilizar su conflicto.

Tras más de un año de lucha, denuncian que pese a que la Audiencia Nacional anuló el ERE, los trabajadores no han sido readmitidos, tampoco han sido pagados los sueldos retrasados y temen que la empresa esté desmantelando la fábrica para no hacer frente a sus obligaciones. Una delegación formada por eurodiputados de Podemos e Izquierda Unida ha recibido a los afectados y les ha mostrado su apoyo.

Paloma López, eurodiputada de Izquierda Unida, ha destacado la resistencia de los trabajadores de Coca-Cola que dura ya más de un año. Esta lucha es una defensa, según López, no solo de sus puestos de trabajo sino de “todos los trabajadores afectados por las reformas laborales.” La eurodiputada de IU ha anunciado que varios grupos políticos están trabajando en un comunicado de apoyo a los trabajadores y trabajadoras afectadas que reclame el cumplimiento de la sentencia de la Audiencia Nacional.

Pablo Iglesias, líder de Podemos, ha denunciado la posición del gobierno de Mariano Rajoy en el caso Coca-Cola. En opinión de Iglesias, “el gobierno podría haber usado su peso para ayudar a los trabajadores. Sin embargo, ha decido enviar a la fuerza pública contra ellos.” El eurodiputado de Podemos ha insistido en que “un país decente necesita respetar los derechos de los trabajadores.”

El epresentante del Comité de Coca-Cola de la fábrica de Fuenlabrada, Francisco Bermejo, ha destacado que su lucha es “por el empleo, la democracia y los derechos recogidos en el convenio colectivo”. Bermejo ha insistido en que continuarán peleando ya que confían en recuperar sus puestos de trabajo. Para el representante sindical, se trata de “una cuestión de dignidad”. Francisco ha querido destacar el apoyo de la mayor parte de los grupos políticos, a excepción del Partido Popular, a la resistencia de los trabajadores de Coca-Cola. Sin embargo, tan solo Podemos e Izquierda Unida han estado presentes en esta protesta.

La intención de llevar su queja ante el Parlamento Europeo, destaca el colectivo, no es otra que la de visibilizar un problema social causado por la deslocalización y que no solo afecta a España sino a otros Estados miembros como Italia, Grecia o Portugal.

A lo largo de esta tarde, representantes sindicales de los afectados por el ERE se reunirán con Patrick Itschert, vicesecretario general de la Confederación Europea de Sindicatos.

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Tania González, Pablo Iglesias (eurodiputados de Podemos) y la eurodipiutada de IU Paloma Lópéz (de izda. a dcha.) escuchan las explicaciones del portavoz de CCOO en el Comité de Empresa de Coca-Cola, Francisco Bermejo. / B. R.

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La eurodiputada de IU Paloma López, junto al representante del Comité Francisco Bermejo. / B. R.

El grupo de trabajadores que se desplazo hasta Bruselas protesta a las puertas del Parlamento Europeo ante una pancarta en la que se lee:

El grupo de trabajadores que se desplazó hasta Bruselas protesta a las puertas del Parlamento Europeo ante una pancarta en la que se lee: “Coca-Cola no cumple con las leyes de la UE. Coca-Cola fuera de la UE”. / B. R.

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Un trabajador de Coca-Cola muestra un cartel en el que se reclama el boicot a la marca. / B. R.

leyenda_camiseta_Coca_Cola

Leyenda que lucían los trabajadores de Coca-Cola en la parte posterior de sus camisetas. / B. R.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/invitados/2015/02/24/la-lucha-por-la-dignidad-de-los-trabajadores-de-coca-cola-llega-bruselas/4677



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Portada :: España
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-10-2014

 

 
Torturadores argentinos recibieron cursos en instituciones españolas

 
 
 
Público.es

El régimen de Videla y el gobierno de Suárez mantuvieron una activa colaboración a nivel represivo, según figura en varios archivos secretos de ambos países

El teniente argentino Antonio "Trueno" Pernías, actualmente preso en Buenos Aires por cometer crímenes de lesa humanidad, era un hombre de acción: por sus manos -y su sala de tortura- pasaron muchos hombres y mujeres que hoy siguen sin aparecer. Su compañero Enrique Scheller , alias "Pingüino", también fue señalado por algunos sobrevivientes como un sádico torturador. Entre 1978 y 1980, ambos individuos formaron parte de la embajada de Argentina en España, donde se dedicaron a perseguir y controlar al numeroso colectivo de refugiados argentinos que vivían en este país. A pesar de las denuncias que existían en su contra, el gobierno de Suárez les dio pasaportes y permitió que llevaran revólveres.

 

Portada :: España
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-09-2014

 

Entrevista a Xosé Luís Santos, padre de uno de los independistas gallegos condenados por la Audiencia
 
Nacional
 
 
"Intentamos mantenernos enteros y dignos en una situación muy dura"

Sermos Galiza

Traducido para Rebelión por Sara Plaza

Antom Santos fue detenido en Lugo el 3 de diciembre de 2011 bajo la acusación de pertenecer a Resistencia Galega, siendo condenado por la Audiencia Nacional en 2013 a 10 años de prisión (el Supremo rebajaría la pena a 7 años y 9 meses).

"No fue un juicio justo", opina el padre de Antom Santos, Xosé Luís, "por eso se presentó un recurso pidiendo su nulidad, pues para nosotros era evidente que se vulneró el derecho a la defensa".

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